Por Carlos González Arizmendi – Consultor en Comunicación

El erudito no considera el oro como un preciado tesoro, sino la la lealtad y la buena fe.-Confucio.

En días pasados hablamos de la importancia de la comunicación interna y del papel que juega ésta, en la generación de la lealtad hacia la empresa.

Muchas compañías consideran que la lealtad se consigue mediante incentivos económicos pero ¿realmente eso genera lealtad hacia nuestra empresa?

Conseguir empleados leales, con la camiseta puesta y que cuiden a la empresa, es una tarea que requiere de un plan estratégico que involucre al empleado no solo en su vida profesional sino también en los elementos personales que son importantes para él, para lo cual, se requiere del desarrollo de un sistema de inteligencia de recursos humanos donde se conozca lo que llamaremos el “muro de las pasiones” de los empleados.

Este muro de las pasiones, debe darnos el contexto necesario para saber hacia dónde debemos enfocar tanto los incentivos monetarios como los no monetarios.

Debemos recordar que no podemos tratar a iguales de manera diferente, ni a diferentes de manera igualitaria.

Con una metodología precisa, debemos ir creando un mapa donde, dependiendo del rango y jerarquía que ocupen nuestros empleados, podamos incentivarlos de manera adecuada.

Así como las empresas invierten millones de dólares para saber quiénes son sus clientes, asimismo se debería invertir para saber quiénes son sus empleados y qué necesitan de la empresa.

La lealtad organizacional es una actitud de profundo compromiso de los empleados con la empresa y se manifiesta en las cosas a las que nuestros subordinados están dispuestos a renunciar o a hacer con sacrificio por el bien de la organización.

Utilizo la palabra sacrificio, no en el contexto de hacer a un lado lo que el empleado es, con tal de apoyar a nuestra compañía, sino en su significado correcto que es “hacer sagrado algo” sabiendo que si a la empresa le va bien, al empleado le tiene que ir mejor.

En mis más de veinte años como profesional de la comunicación, he descubierto que la lealtad organizacional es un valor perseguido pero muy pobremente alcanzado y son suficientes unos cuantos pesos más, para hacer que un talento que nos costó mucho trabajo desarrollar, se mueva hacia otra compañía. Esto se ve con mucha frecuencia en las áreas de mercadotecnia, producto y ventas.

Teniendo una buena comunicación interna, asociada a los incentivos no económicos adecuados, seguramente ese valor tan anhelado tendría mejores resultados.

Si no hay una buena comunicación interna, crecerá lo que en todas las compañías conocemos como “radio pasillo”. Nadie sabe el origen de los rumores en las empresas, pero lo que es una realidad, es que a veces dicha información viaja con mucha mayor velocidad que la comunicación formal desplegada por medios oficiales.

El “radio pasillo” puede tener o no fundamento, pero lo que sí es claro, es que incide fuertemente en la productividad y tranquilidad con la que los empleados desempeñan sus labores.

En una siguiente entrada, abordaré el tema de “radio pasillo vs. comunicación interna“.

Hasta entonces.